Edificio Administrativo en la Barriada de San Pablo. Sevilla
Concurso. Finalista
El barrio de San Pablo, en una primera lectura, no se muestra ajeno a las caracterizas de un ensanche de su tiempo: anchas calles, edificación en bloque abierto, y una amalgama tipológica que se mueve desde la pequeña vivienda unifamiliar, hasta el bloque de vivienda colectiva desarrollado en altura. Si bien la realidad construida no cuenta con grandes atractivos, no es menos cierto que una visión más sosegada y desprovista de prejuicios permite rescatar ciertos aspectos de su trazado, que entroncan con la racionalidad de los modelos tradicionales. Así, las grandes manzanas delimitadas por unos viarios dominados por el tráfico rodado, en su interior parecen querer recuperar lo mejor de la herencia sevillana, adoptando los bloques una disposición que, en último extremo, propone el callejón y el patio como elementos predominantes. La conexión entre estos elementos termina por generar una trama peatonal que da lugar a otra “ciudad superpuesta”, cuyo trazado se aleja de la apariencia inicial de polígono.
El edificio proyectado pretende asumir e integrarse en los valores de este último concepto de “ciudad superpuesta”. El programa, basado en la combinación de elementos modulares, permite adoptar una disposición de bloques articulados, que dan lugar a la aparición de una serie de patios interrelacionados, en consonancia con el modelo urbano adoptado. La ausencia de vistas y el fuerte soleamiento característico de Sevilla, aconsejan configurar radicalmente los patios. Los bloques interiores de oficinas no pretenden asomarse al exterior, una “piel petrea” abraza el conjunto, provocando la sombra en los propios patios y protegiendo del soleamiento a los espacios de trabajo. Esta piel, sensible al contacto con los bloques, se orada sutilmente formando una celosía en los planos de tangencia, que matiza las vistas exteriores y permite una iluminación controlada del recinto interior… ejemplos no faltan en la arquitectura andaluza.